viernes, 9 de noviembre de 2018
El inmortal
domingo, 13 de mayo de 2018
Fe
sábado, 7 de abril de 2018
No todo pasa
Este señor pasó a la historia por algo que les voy a contar al final. Primero, las cosas que no pasaron a la historia: se burlaba del poeta nacional de su tiempo, lo cual lo convertía en uno de esos rebeldes típicos de cada época, es decir aquellos que creen ser totalmente atípicos para la época. También se expresaba de una forma muy confusa, razón que podemos atribuir a una inteligencia superior, necesidad de desagradar, llamar la atención o pobre uso de lenguaje (o todas ellas). Lo cierto es que era bastante antisocial y solo lo querían los chicos, con quienes se relacionaba casi exclusivamente. Se murió cuando quiso curar una enfermedad relativamente inofensiva con un remedio casero, que consistía sumergirse en estiércol.
Este hombre -ahora sí- pasó a la historia por decir que todo pasa, que todo cambia; esto es lo mismo que decir: nada absoluto existe. La metáfora que usaba para decirlo era que nadie se baña dos veces en el mismo río: el río cambia todo el tiempo, uno cambia todo el tiempo.
Pocos saben que este campeón del cambio, la relatividad de todo y, en consecuencia, el escepticismo y nihilismo, creía en algo que llamaba Logos, como opuesto a la Doxa. Doxa es la opinión del que asegura cosas basado en el cambio, en lo aparente. Logos es aquello que permanece detrás de todo cambio, lo único que es estable.
Sí, el campeón del cambio cree en algo que permanece. Esto es así porque era coherente con su pensamiento, y dejó que este lo lleve a sus necesarias consecuencias: un poquito loco y todo, Heráclito era valiente y honesto, al menos intelectualmente.
También esto es así porque el único filósofo realmente relativista, escéptico y nihilista es el filósofo que no habla, ni escribe, ni nada.
Y lo mismo aplica para vivir esta vida. Las cosas que uno hace significan algo. No saberlo, o no entenderlo del todo, no cambia ese hecho... el Logos lo entiende, el Logos lo sabe, porque este sentido es el Logos.
lunes, 2 de abril de 2018
Hospitalidad
domingo, 1 de abril de 2018
El deber de un olvido
Quise refugiarme en el abrazo negro de los recuerdos que nos unían, en el dulce dolor de pensar algo que ya no será más. Pero ya no te reconocía, y el recuerdo había perdido todo valor, toda razón de ser y gracia.
El rito de entrada en el negro recuerdo ya estaba vacío de vos, así que lo deseché con no sin reverencial pavor: ¿dónde iré ahora cuando me encuentre sin inquietud, sin sosiego y sin espanto; sin trabajo y sin ocio?
Con tu olvido, lamento, ya estoy obligado a la felicidad de vivir.
sábado, 31 de marzo de 2018
No seas resentido
La palabra tiene en su forma la única pista necesaria para saber qué quiere decir: re-sentir.
El resentido es una persona que revive algo que le pasó (sin necesidad de que este algo sea negativo, como sugiere el uso común de la palabra).
Esto lo revive con el corazón, aunque llegue a esta situación por culpa de un apagón de la conciencia. Estamos cansados, enojados, contentos, estresados, confundidos, vagos, entonces se nos apaga el cosito con el que decimos que nosotros somos nosotros, y la cabeza comienza a divagar. Primero recorre pensamientos, tal vez incluso los que estábamos pensando a propósito, con esfuerzo consciente; luego se desvía a otros relacionados con estos, incluso cuando la relación está media tirada de los pelos. Este proceso lo podemos ver en la gente con verborrea (diarrea de palabras): como dicen todo lo que piensan, lo notamos fácilmente. Pero luego ocurre el salto que va desde el pensamiento repensado hacia la emoción resentida Esto ocurre porque toda cosa que piensa trae alguna emoción apareada, y esto es así porque somos así, seres capaces de lógica pero también profundamente emocionales. Pensamos y sentimos. La emoción pertenece al pasado entonces la re-sentimos. Pero somos seres de acción, hechos para seguir objetivos hacer cosas, aunque esa cosa sea relajarse.
Es resentido alguien que no puede comer zanahorias en todo el día por oler un charco de vómito por cuatro segundos. Es resentido quién sonríe en una trinchera de Malvinas porque recuerda los paisajes pampeños de su pueblo. Es resentido quién arruina su día por oler un perfume de personas que quisiera olvidar. Es resentido quién vuelve con un/a ex por recordar todo lo bueno compartido. Es resentido quién no perdona a su pareja por recordar todo lo malo compartido. Es resentido quién odia a una raza y a su cultura porque no le gustó el olor característico de esta. Es resentido quien juzga a todos los hombres y mujeres por un hombre o mujer puntual, bueno o malo. Es resentido quién no llegó a leer esta oración por recordar bostezos anteriores al leer notas mías. Etcétera.
El problema fundamental del resentimiento es la evasión del presente que este trae. Si estamos en aquella emoción que nos resintió, no estamos aquí y ahora. Disfrutando, escuchando, jugando. Pero tampoco estamos aquí y ahora sufriendo, hablando, aburriéndonos. Ese es el segundo problema del resentimiento, que parece ser una ventaja -pero no lo es. Sirve para evitar presentes malos, como en el ejemplo de Malvinas. Olvida, sin embargo, que siempre que llovió paró, y que lo que no te mata, te fortalece. Salimos ilesos del presente malo, pero tampoco aprendemos de él la valiosa lección de que la vida puede y va a ser dura inevitablemente, lección que bien aprendida tal vez sirva al enfrentar el también inevitable fin de nuestra existencia actual, cuando ocurra.
Otro problema del resentimiento es que tiende a querer seguir existiendo. Me explico: estar en dos lados a la vez es increíblemente traumático para nuestra mente, por lo que trata de unificarse. El soldado de Malvinas luchará por volver (en pensamiento y emoción) a su pampa natal, sede de toda felicidad y añoranza, y cancelará al viento de Malvinas, al hambre y al olor a pólvora. Y así es como mata a su pampa: pasada la guerra, cada vez que esté en ella, sentirá los cortes en la cara, los rugidos del estómago, el olor. Mata a su mente y a su corazón, que se ha acostumbrado a no estar aquí y ahora.
Y el aquí y ahora es el pasado que estamos construyendo, pasado sobre el que armamos nuestro presente y futuro. Si nos resentimos, mezclaremos todo, porque traeremos pasados que no queremos cuando no los queremos, porque así funciona esto. Y así es como, tarde o temprano, nos envenenamos los ojos con los que vemos al mundo.
Ese es el último y peor problema del resentimiento: su proyección. Ya no decimos, mi vida ha sido difícil, por culpa de la guerra de Malvinas. Decimos: la vida es toda difícil. Ya no decimos, mi mujer fue mala conmigo. Decimos: las mujeres son malas. Incluso, con esta idea como ejemplo, podemos derivar principios aparentemente buenos de una idea resentida, diciendo que solo los hombres son buenos… etcéteras a esto. Ya no decimos, este hijo truncó mi libertad. Decimos: todas deberían tener el derecho a terminar sus embarazos. Si las mujeres, los niños, los hombres, los ancianos sufren y hacen sufrir, ya no decimos, hay dolor en la vida. Decimos: la vida es una expresión de sufrimiento. Decimos: la vida no tiene sentido. Decimos: es un deber terminar con la Vida. Budismo, el Guasón, los tiroteos escolares, el norcoreano jugando con botones, campos de exterminio. Todos ellos fueron gente común, que se fue resintiendo, poco a poco.
Todo porque rondamos una y otra vez alrededor de una emoción, sea buena o mala, no importa. Pero no nos confundamos. La emoción es necesaria, somos seres emocionales. Pero el control sobre ellas es esencial. Para que no pensemos con el pito, sino con la cabeza, siempre que se pueda.