Hace varios siglos vivió un señor de nombre Heráclito. Era de una ciudad llamada Éfeso, así que lo llamaban Heráclito de Éfeso. Pero no en Éfeso: ahí era Heráclito, a secas, lo cual por alguna razón suena bastante menos solemne.
Este señor pasó a la historia por algo que les voy a contar al final. Primero, las cosas que no pasaron a la historia: se burlaba del poeta nacional de su tiempo, lo cual lo convertía en uno de esos rebeldes típicos de cada época, es decir aquellos que creen ser totalmente atípicos para la época. También se expresaba de una forma muy confusa, razón que podemos atribuir a una inteligencia superior, necesidad de desagradar, llamar la atención o pobre uso de lenguaje (o todas ellas). Lo cierto es que era bastante antisocial y solo lo querían los chicos, con quienes se relacionaba casi exclusivamente. Se murió cuando quiso curar una enfermedad relativamente inofensiva con un remedio casero, que consistía sumergirse en estiércol.
Este hombre -ahora sí- pasó a la historia por decir que todo pasa, que todo cambia; esto es lo mismo que decir: nada absoluto existe. La metáfora que usaba para decirlo era que nadie se baña dos veces en el mismo río: el río cambia todo el tiempo, uno cambia todo el tiempo.
Pocos saben que este campeón del cambio, la relatividad de todo y, en consecuencia, el escepticismo y nihilismo, creía en algo que llamaba Logos, como opuesto a la Doxa. Doxa es la opinión del que asegura cosas basado en el cambio, en lo aparente. Logos es aquello que permanece detrás de todo cambio, lo único que es estable.
Sí, el campeón del cambio cree en algo que permanece. Esto es así porque era coherente con su pensamiento, y dejó que este lo lleve a sus necesarias consecuencias: un poquito loco y todo, Heráclito era valiente y honesto, al menos intelectualmente.
También esto es así porque el único filósofo realmente relativista, escéptico y nihilista es el filósofo que no habla, ni escribe, ni nada.
Y lo mismo aplica para vivir esta vida. Las cosas que uno hace significan algo. No saberlo, o no entenderlo del todo, no cambia ese hecho... el Logos lo entiende, el Logos lo sabe, porque este sentido es el Logos.
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